22/11/2011
¿Miramar, qué hemos hecho contigo?
No he nacido por aquí, pero he aprendido a amarte. Desde el primer momento que desembarqué en tus calles, hace tres veranos atrás, me llené de asombro al ver tu alegría joven, llena de frescura y encanto renovador. Recuerdo tu eslogan: “Miramar es familia”. ¡Qué bien te quedaba! Multitudes de familias llenando tus playas, tus calles, tus comercios… Todo parecía d ...e ensueño…
Pero luego conocí tus “inviernos”, los históricos, como aquél que silenció la voz de Natalia con la prepotencia de unos pocos, o aquel otro que enmudeció la bicicleta de Manolo, aún hoy su oculto latido clama al cielo por justicia… Pero también he conocido los “inviernos contemporáneos”, esos que están llenos de titulares de ancianos, y no tanto, asaltados y golpeados por las calles o por sus casas, por narcotizados muchachos buscando unos pesos para la dosis del día. Pero el recuerdo más fresco es el de este invierno, signado por reyertas bolicheras, una de las cuales, entre los vapores etílicos, nos arrebató a otro hijo tuyo: Emiliano. Y ahora mataron a uno de tus niños: Gastón. ¡Qué paradoja para ti, Miramar! ¿A dónde has ido a parar “Ciudad de los Niños”, si ni a tus predilectos proteges?
Miramar… Esa es la razón común que se escribe con el nombre de cada uno de nosotros. Yo soy Miramar, cada uno de nosotros somos Miramar… ¿Qué hemos hecho contigo? ¿Qué no hemos hecho? Pero, sobre todo: ¿qué vamos a hacer por Miramar? Ahora bien, quisiera recordar una frase de Marilyn vos Savant que nos marca un rumbo y, a la vez, una cautela: "Un acto de justicia permite cerrar el capítulo; un acto de venganza escribe un capítulo nuevo".
Desde ya el agradecimiento a Luciano quien permitió que compartieramos esta reflexión con los visitantes del sitio.
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