Sólo junto al piano, con un puñado de esas canciones que lo llevaron a la gloria. Que la última gira de Fito Páez es una apuesta a lo seguro no caben dudas. Como tampoco de que se lo ve mejor así que acompañado.
En soledad, con su instrumento base, los temas que el público en general conoce y que los fanáticos ovacionan, más un buen juego de luces multicolores que dieron clima a varios tramos de la presentación, el rosarino se reencontró después de muchos años con el público marplatense, que llenó la sala del Radio City.
Unas 1200 personas corearon durante hora y media todos los hits que Páez interpretó. Y si de un gran éxitos se trata, no podía más que comenzar con “Y dale alegría a mi corazón”, tema que no todo el público pudo disfrutar ya que el cantante irrumpió sobre el escenario, aún con las luces encendidas, a las 21:15 y se puso a tocar aún cuando un tercio del público no había ingresado a la sala.
Según pudo saber El Atlántico, su intención era comenzar a las 21, tal cual estaba estipulado, y luego de dar 10 minutos de tolerancia, decidió empezar sin mediar palabra.
Pese a que el arrebato le valió varios insultos de quienes estaban aún ingresando, con el correr del show todo quedó en el olvido y la ovación, los gritos de afecto y el aplauso de pie, se hicieron moneda corriente entre los presentes.
“She´s mine”, “Tus regalos deberían llegar” y “Tema de Piluso”, continuaron el medley inicial. “Cable a tierra” y “11 y 6” fueron la antesala al tema por el que “muchos maridos me odiaron…pero muchas chicas no”: “Dos días en la vida”.
Después de “Llueve sobre mojado”, tema emblema de “Enemigos íntimos” –disco que compartió con Joaquín Sabina- las luces blancas se centraron en Fito y su piano y su tributo a Charly García dio sus primeros sones con “Canción para mi muerte”. “Bienvenidos al tren”, “Tuve tu amor”, “De mi” y “Desarma y sangra” completaron el quinteto de gemas. “¡¿Qué sería de todos sin él!?”, dijo de pie Páez, aceptando la ovación del público. “Toco estos temas hace años en mi casa de este músico que ha traído tanta buena leche a esta tierra maldita por momentos”, agregó.
Con un breve instrumental, dio un descanso a una platea ávida por seguir cantando y aplaudiendo. Casi como un himno, “Tumbas de la gloria” se coló en la garganta de los presentes, antes de “Un vestido y un amor”, tema “por el que yo odié a un hombre. Porque se lo hice a la Roth y un día fuimos a ver a Caetano Veloso a Brasil, juntos, y él se lo cantó mirándola a los ojos. ¡Como un enamorado!...¡Y ella lo miraba como enamorada!”, recordó con gracia.
“La rueda mágica”, “Al lado del camino”, “Ciudad de pobres corazones” y “A rodar” marcaron el final de “otra noche inolvidable como cientos de miles. Salud, dinero y amor”, gritó y se retiró.
Pero la gente quiso más. Y coreando “dale alegría a mi corazón”, lograron que Fito saliera nuevamente al escenario para, luego de reprocharles los incesantes flashes de las cámaras durante el show –“los ruiditos y los flashes rompen las pelotitas” (sic)-, con un fondo de luces rojas y una remera blanca, entonó a viva voz “Yo vengo a ofrecer mi corazón”.
Nuevamente al piano, cerró este “grandes éxitos en vivo” con “Dar es dar” y “Mariposa technicolor”