En los últimos diez años, el valor de la tierra agrícola se incrementó considerablemente y, en las zonas más productivas de la Provincia, el aumento del precio por hectárea fue del 120%. De este modo, el suelo agrícola de primera calidad cuesta entre 15 y 20 mil dólares la hectárea.
Las proyecciones mundiales de alimentos requieren una expansión agrícola que necesita una mayor área y un mayor rinde, lo que genera una presión productiva sobre las tierras. Esto provocó que se impulse el precio de las tierras en nuestro país, subiendo abruptamente en la última década y acelerándose en los últimos años.
Si bien el precio de los campos está ligado directamente al cultivo que ellas permiten y sus aptitudes, se estima que su valor subió más de 100% en dólares y de un 20 a 30% en el último año.
En el informe quincenal del mercado de granos presentado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), Estación Experimental Pergamino, se plantea que el valor creciente de la tierra agrícola excede la coyuntura y sería más estructural.
Reinaldo Muñoz, investigador del INTA y economista del área de Estudios Económicos y Sociales de la Estación Experimental Agropecuaria de Pergamino, explicó que este aumento se debe a un contexto internacional de altos precios de los granos, que implica que “la demanda no decline, lo cual presiona sobre la oferta y significa producción”.
Además, remarcó que desde 2008, “los destacados y altos precios de los granos a nivel mundial han incentivado considerablemente el valor de las tierras”.
Este aumento, que se aceleró en el último tiempo, generó un crecimiento del valor, especialmente, en las tierras ubicadas en la denominada zona núcleo agropecuario del país, donde los precios crecieron entre un 20 y un 30%, aunque la oferta sigue siendo muy limitada.
Operadores inmobiliarios coinciden en afirmar que la suba de los precios se debe fundamentalmente “a que no hay alternativa de inversión”. La existencia de potenciales compradores que al no poder invertir en el exterior por falta de seguridad pretenden comprar campos, y la negativa de los propietarios a vender sus tierras, hacen que los valores aumenten.
Además el precio de la tierra fue aumentando paulatinamente a partir de la crisis de 2001, en conjunto con la suba de los precios de los commodities. Claro que, si bien los campos incrementaron su valor en general, en algunas zonas aumenta más que en otras debido a la tierra, la productividad y el grado de liquidez de cada suelo.
Así, el valor de la hectárea en las zonas más productivas del país puede costar cerca de 20 mil dólares, mientras que en zonas menos ricas, su precio no llega a los 10 mil dólares.
CONSERVACIÓN DE LAS TIERRAS
El incremento considerable de los precios producto de la suba del valor del grano, ha provocado que la tierra pase a ser un refugio de capital para el propietario.
El investigador del INTA dice que tal incremento esconde otro problema que es la falta de un mercado de capitales ya que un ciudadano común no puede participar en él. Esto provoca que “el excedente tanto de la actividad agropecuaria como industrial, se termina volcando al negocio inmobiliario, sea rural o urbano. Este es un factor también especulativo”, concluyó.
Por su parte, las inversiones buscan en el campo un refugio de capital, como en las tierras ubicadas en la denominada zona núcleo agropecuario del país (sur de la provincia de Santa Fe, sudeste de Córdoba y norte de Buenos Aires), en donde los precios crecieron, y la oferta es muy limitada porque son considerados buenos refugios para la inversión de capital.
En los últimos diez años, el aumento del valor de la tierra agrícola se disparó considerablemente y seguirá avanzando años tras año. Como gran parte de las ganancias importantes tienen origen hoy en día en la producción del campo, los ahorros se destinan hacia inversiones en el sector, lo que provoca que los valores de la tierra vayan ascendiendo cada vez más.
Esta tendencia del alza de los precios seguirá siendo una constante con el paso de los años. La tierra es siempre la misma, pero la población se duplica cada 40 años, y la necesidad de alimento es cada vez mayor.