Se trata del gol más difundido de la historia, el que rodeado de un misterio inicial, pasó por todas las facetas del sentimiento humano. Fue tan festejado porque significaría uno de los partidos más memorables de Diego Armando Maradona, en el juego que Argentina le ganó a Inglaterra 2-1 el 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca, por los cuartos de final de la Copa del Mundo.
Hace 25 años. Diego se llevó la gloria de los dos goles. Uno, el de la ‘Mano de Dios’, es hoy el recuerdo de una genialidad del cínico pibe de barrio, que más tarde le daría al mundo también durante el mismo partido, el llamado ‘Gol del Siglo’, cuya génesis arrancó desde la media cancha, después de burlar a cuanto británico se le ponía enfrente.
Ocurrió cuando Argentina trataba de reponerse del doloroso episodio de la Guerra de las Malvinas y el futbol era el único medio lícito posible para darle al pueblo de Diego un poco de descanso por la pérdida de tantos pibes “que habían matado como pajaritos”, cuenta Diego en sus memorias. “Aquello era más fuerte que nosotros: estábamos defendiendo nuestra bandera, a los pibes muertos, a los sobrevivientes…”.
La leyenda del primer tanto se inició cuando, instalado frente a la prensa, Diego Armando Maradona admitió que el primer gol lo había marcado “un poco con la cabeza y otro poco con la mano de Dios”.
Pasaron casi dos décadas, para que el causante de que surgiera la ‘iglesia Maradoniana’, admitiera lo que ya todo mundo sabía, que aquello de la ‘Mano de Dios’ no era una referencia a un portento divino, sino a la metáfora del tramposo recurso de tocar la pelota con una parte del cuerpo prohibida para ello por el reglamento.
Así se recuerda aquel gol:
Con el partido aún empatado sin goles y cuando se cumplía el minuto 6 de la segunda parte, Maradona tomó el balón fuera del área, y con la pierna izquierda se lo pasó, entre varios defensas ingleses, a su compañero Jorge Valdano, quien intentó llevarlo, pero la pelota fue interceptada y lanzada hacia atrás y hacia arriba, tocada por el defensa Steve Hodge al intentar un despeje.
Por la inercia de la jugada, Maradona había quedado en fuera de juego, pero por venir el balón de un contrario fue correctamente habilitado. Ya dentro del área y con la pelota cayendo, Diego fue en su búsqueda a la par del guardameta Peter Shilton, 10 centímetros más alto que él.
Peter saltó adelantando su brazo derecho, en tanto que Maradona lo hacía con el brazo izquierdo extendido. El puño del Pelusa, cercano a su cabeza, golpeó antes el balón, que se fue hacia la portería. Diego comenzó a festejar, mirando de reojo al árbitro (el tunecino Ali Bennaceur) y al juez de línea, por lo que estalló en júbilo cuando supo que el gol fue dado por bueno.
Al publicarse su biografía, Maradona no tuvo otra que aceptar el truco.
Ahora sí puedo contar lo que en aquel momento no podía, lo que en aquel momento definí como «La mano de Dios»... Qué mano de Dios, ¡fue la mano del Diego! Y fue como robarle la billetera a los ingleses también...”
Por supuesto que se despertó nuevamente la polémica, ya adormilada durante años, porque a la sospecha que se fue convirtiendo en certeza, siguieron lo mismo críticas, que manifestaciones de apoyo para Diego, simplemente por decir la verdad y admitir su culpa. Era el Dios maradoniano confesándose ante el mundo.
Hubo quien le recriminó el silencio de años, pero era casi imposible en el 86 que Diego hubiera admitido su trampa antes de terminar el encuentro, porque cierto tipo de implicaciones, sociales, políticas y económicas, hubieran sido la fórmula perfecta para otro tipo de caos.
Total, el partido sirvió para que Argentina pasara a semifinales y después a ganar la Copa Mundial.
Fue en 2008 cuando el diario inglés The Sun volvió a ocuparse del gol, publicando una nota en la que supuestamente se había producido un gesto humilde de Maradona y había pedido una disculpa.
“Sí pudiera volver el tiempo atrás y cambiar la historia lo haría”, era la frase original, pero a la que se publicó le fue añadido un complemento, que finalmente tuvo que ser desmentido por el propio periódico: «Si pudiera disculparme, volver el tiempo atrás y cambiar la historia lo haría».
Y se completaba: “Pero el gol sigue siendo un gol, Argentina se proclamó campeona del Mundial y yo fui el mejor jugador del mundo. No puedo cambiar la historia. Todo lo que puedo hacer es seguir adelante”.
La respuesta de Diego fue a su estilo:
“Yo en ningún momento hablé de perdón. Hablé solamente de que la historia no se podía cambiar, de que yo no tengo por qué pedirle disculpas a nadie, porque fue un partido de futbol en el que había cien mil personas en el Azteca, veintidós jugadores, que había dos líneas, que había un árbitro, que Shilton «el arquerazo ese» sale a hablar ahora y él no se había dado cuenta, se lo tuvieron que decir los defensores. Así que la historia ya está escrita, ya no la puede cambiar nada ni nadie. Y eso fue lo que dije. Yo nunca le pedí perdón absolutamente a nadie. Aparte no tengo que pedir perdón yendo a hacer una nota a Inglaterra. ¿Para qué? ¿Para ganarme a quién? Lo que más me jode es que se hacen eco en Argentina y hacen hablar a... gente que me conoce. Hablan de contradicciones. A los cuarenta y siete años me parece que pedirles disculpas a los ingleses es una estupidez.
Finalmente, The Sun pareció darle al caso un desenlace que sació un poco el dolor de quienes se habían sentido ofendidos por la ‘Mano de Dios’, pidiéndole al mundo y a la historia que fuera conocido entonces como el gol de ‘La Mano del diablo’.