07/04/2011
Se pone en marcha el Proyecto ITEC, con todas las de la Ley. A pesar de las versiones. Porque los argentinos y los miramarenses no somos la excepción a la regla, practicamos el ejercicio del rumor y nos dejamos llevar por las versiones, fascinados por la cadencia de los relatos como el sultán de Las Mil y Una Noches por la voz de Sherezade. Si F5N tuvo un problema técnico con su servidor, en realidad se debe a “un acto de censura” sobre cierto tipo de información… “La Terminal de Ómnibus no funciona porque cedió una de las columnas del edificio que se esta por caer”, dicen por allá, adjudicándoselo a “unos arquitectos que entienden del tema”. “Durante la visita Presidencial a Miramar hubo saqueos”, se hizo correr en su momento. Ahora que efectivos de la Comisaría 17 de la Federal descubrieron a Gustavo Melmann hurtando gomas de auto en Buenos Aires, “se va a revisar el Juicio llevado adelante en contra de los asesinos de Natalia”, hacen correr en los mentideros. “La Planta de Efluentes no va a funcionar nunca, no tiene instalación eléctrica y todo fue un circo organizado con la Presidencia”… repiten algunos otros… Es que en nuestra cultura cotidiana, “Radio Pasillo” o el “boca a boca” superan en la circulación de mensajes, y tanto en variedad como en rapidez a la más oída de las radios, el canal de televisión, por supuesto a los obsoletos semanarios y aun a las paginas como F5N, que se mueven en el más veloz de los espacios... Heredero de las charlas de comadres a través de la ligustrina, el rumor crece y se alimenta en bares, esquinas y veredas, extendiéndose como un virus resistente a todo antídoto. Siempre hay alguien que “la tiene reclara” y “sabe la justa”, mas allá de los hechos concretos. Pero el rumor, la versión o el dime y direte no tienen jamás autor responsable. Como en los malos espacios de Internet, nadie avala con su firma aquello que dice, comunica, publica o afirma. O aparece un seudónimo en lugar de un responsable identificable. Porque de eso se trata. Más allá incluso de su mismo contenido de verdad o de mentira, el rumor es la cobarde manera nacional de escaparle a la ética de la responsabilidad, a la que todo ciudadano decente se somete y asume cuando publica su nombre y apellido al lado de eso que difunde. Por eso el rumor es trucho. Por eso y porque escamotea, además de la fuente de información de origen, la intencionalidad de su anónimo productor y de sus mas o menos “inocentes” reproductores. El rumor siempre es intencionado. Las mas de las veces, además, destinado a desprestigiar sin coraje cívico, la honra de alguien o el valor de algo. Claro esta, como dice el saber popular, que “la mentira tiene patas cortas”. Pero hay muchos perros petisos capaces de correr largas distancias a buena velocidad… Al fin y al cabo, aun cuando la verdad verdadera se muestre claramente al fin de la historia, siempre el rumor habrá dejado un halo de sospecha (“miente miente que algo quedara”, acuñaron los responsables de la propaganda nazi). Por eso no importa si las noticias son buenas o malas... Serán malas para algunos y buenas para otros, una cuestión valorativa, como todo hecho humanos. Pero si son genuinas, las noticias, poseen un contenido verificado y verificable de verdad para cualquiera y quien las difunde asume cabalmente la responsabilidad de hacerlo. Los mismo vale para las opiniones fundadas.
Hoy se puso en marcha el ITEC, con estructura Provincial y como Instituto Terciario de la Provincia... Un proyecto que incluso sufrió la traición de quienes lo habían impulsado retóricamente desde su inicio. El mismo Castañeda le dio una “conducción” que termino en los Tribunales… Pese a esos traspiés y todas las trapisondas, mas allá de las demoras edilicias y los contratiempos, con aulas equipadas y alumnos asistiendo al dictado de clases, es realidad efectiva. Aunque seguramente ahora los rumores buscaran otros destinos y otras personas o instituciones sobre las cuales caiga el manto de oprobio que su malintencionado decir propone. Eso hasta que aprendamos a que comunicación y responsabilidad van de la mano necesariamente
Columnista:
Fuente: Alberto Pensotti