Durante cuatro días funciono una “Feria de Colectividades” en 26 y Mitre. Precaria, popular, diversa, como todas las ferias itinerantes. Muchos turistas se interesaron en ella y se acercaron a tomar un trago de cerveza artesanal, una caipirinha, comprar alguna artesanía mas o menos típica o llevarse una botella de aceite de oliva menscocino, sospechosamente barato, pero de buena calidad… Además, engulleron típicos sándwiches árabes “shawarma”, rotisados al spiedo (un invento de los turcos del barrio de Kreuzberg en Berlin) “pamplonas” y “chotos” (no sin la consabida broma al respecto de sunombre) uruguayos, “picos” bolivianos, “sfijas” sirias y dulces postres como el tradicional “bakava”. Estaba programada para funcionar durante siete días mediante un Decreto “ad referéndum” (que no es una comida vaticana) del Honorable Concejo Deliberante. Finalmente duro solo cuatro días. Los puesteros estaban desilusionados. No es para menos. Casi 60.000 personas (15.000 por dia) desfilaron por los toldos. En rigor de verdad, la Feria venia recorriendo la Costa y su gira incluyó, además de Miramar, otros destinos clásicos como Villa Gessell, Pinamar, Santa Teresita… En Miramar, era de preveer, es cierto, hubo también quejas y protestas de comerciantes gastronomitos. Basadas en el hecho de la venta de alcohol en la vía pública y el incumplimiento de la restricción horaria para hacerlo, como así también de la venta de comida sin el cumplimiento de las normas de bromatología usuales para el comercio tradicionalmente establecido. Los mas furibundos arguyeron “competencia desleal”. Cada puesto pagaba $250 por día por estar establecidos en la ciudad, según declararon los responsables de la Feria. Los comerciantes clásicos dijeron “nosotros tenemos que cumplir normas que a ellos no se les exigen, pagamos habilitación, tasas, tenemos matafuegos, cocinas azulejadas…”. Finalmente el Honorable Cuerpo reflejo la contradicción y los bloques antioficialistas llevaron adelante un pedido de informes exigiendo además la intervención de Inspección General de Municipio. Llegamos al lunes y los toldos se fueron. Quedó la polémica flotando en el ambiente. Cabe señalar que la comida y bebida callejera es una tradición en todo el mundo. Y no solamente en el llamado “Tercer Mundo”. Personalmente soy fanático de los puestitos callejeros. Cocos y choclos en Brasil, salchichas en Berlín, puestos en New Jersey, comida variada en las calles de Tokio o las ferias de Buenos Aires, como la de Mataderos, me tientan. Incluso Discovery Travel and Living cuenta en su programación con “Sin Reservas” (No Reservation) un programa casi exclusivamente dedicado a la comida callejera mundial conducido por Anthony Bourdain, gran chef neoyorkino, autor, escritor y gourmet, che ejecutivo de La Brasserie des Halles, el principal bistro francés de Manhattan…
Pero, más allá de eso, fue difícil en Miramar. Es cierto, la temporada es corta. Es verdad se vendían bebidas alcohólicas (aunque a $10 el vaso de cerveza artesanal, era poco practico como lugar para exageradas borracheras, por supuesto). Chocaron lo establecido y lo no tradicional, lo formal y lo informal. Es una lastima, podían haberse complementado exitosamente ambas experiencias, sobre todo en un corto lapso como es una semana, pero… cada sector defiende sus intereses. Y cuando entran en contradicción le corresponde al Estado intervenir para mediar las diferencias. Es así. Y el marco legal debe primar como en todas las actividades de la Sociedad Organizada. Seguramente se podrá optimizar el cruce de intereses para el próximo año. ¿Al turismo le dio una oferta mas y la gente la acepto y la disfruto? No perdamos de vista ese tema. Tampoco hagamos nada que perjudique a nuestros comerciantes locales, por supuesto. Sepamos encontrar, para la próxima Temporada, con el debido consenso la armonía entre lo dado y lo informal. Preservemos las normas, protejamos la salud de los consumidores y démosle a Miramar la alegría simple y sencilla que existe en todas las ciudades del mundo… Por comer una salchicha en una calle de Alexanderplaz en pleno centro berlines, a cuadras de la Puerta de Brandemburgo, los turistas no dejan de concurrir a los restaurantes alemanes. Grandes ferias informales, como las Oktoberfest o la Fiesta del Ternero sirven de experiencia… Para la Temporada 2012 falta mucho. Aprovechemos esos meses, a veces ociosos del invierno, para planificar y consensuar. Es mucho mejor que luego discutir o pelear. De eso se trata y la Democracia tiene las instancias necesarias como para que el disenso se exprese y, dentro del cauce de la Ley encontremos soluciones armónicas.