15/12/2010
La Historia Argentina se escribe con letras de sangre. Es doloroso pero es así. Se podrá decir, generalizando, que es una tendencia mundial. Dos Guerras Mundiales, centenares de luchas civiles y religiosas avalarían esta afirmación. Pero preocupa que un tema como la posesión de tierras para la vivienda propia se actualice de esta manera, en los tiempos actuales, de un país que tiende a sostener un ritmo de crecimiento envidiable. Claro que no podemos instalarnos en la simple inocencia de pensar que todos quienes se lanzaron a la ocupación de espacios públicos porteños y bonaerenses lo hicieron desesperados por la casa propia como horizonte urgente. Claro es también que una dura disputa interna entre el Oficialismo y el macrismo tuvo un rol esencial en el hecho de que cuatro personas perdieran la vida. Muchos pensaran, como alguna vez titulo Crónica, "Muere una persona y tres bolivianos"... pero esa perspectiva xenofóbica no deja de ser una cruel ironía. Inmigrantes somos todos, salvo los descendientes de Yanquetruz o Saiweke. No podemos, al estilo miramarense, decir cosas tales como "Esos no son de acá, el equivalente farsesco del "algo habrán hecho"... Tampoco parece lógico que los grandes medios nacionales titulen hoy cosas como "El oficialismo dio marcha atrás y acordó con Macri" es de un nivel de falacia hipócrita inaceptable, la "versión Clarín" de lo sucedido. Pero mas allá de las peleas de tinte ideológico o los intereses económicos poderosos en pugna, las cosas sucedieron trágicamente. No falto el componente interno de la situación generada en el parque Indoamericano, que amenazo expandirse peligrosamente. Duhalde, desde Estados Unidos, aprovecho para salar las heridas, buscando algún tipo de beneficio sectorial de cara al 2011. Casi todos los medios televisivos privados eligieron dar a sus transmisiones el carácter de la narración de un partido de fútbol... algo que han hecho siempre (hasta en el caso de la Guerra de Malvinas) pero que nada aporta, salvo el morbo de los primeros planos de gente herida sufriendo. Finalmente el Gobierno Nacional y el de la Ciudad de Buenos Aires se vieron forzados a un acuerdo, ambos temerosos del desborde. Los "profetas del caos" dejaron de restregarse las manos. Dentro de las reglas del juego democrático la situación tiende a estabilizarse. No obstante, ciertas nubes quedan instaladas en el horizonte. La fragilidad de un sistema político es siempre motivo de preocupación en países, como el nuestro, que han sufrido largas dictaduras militares. Pero, por sobre todas las cosas, prima la sensación de la horrorosa característica de la necesidad de que un mártir aparezca, en este caso al menos cuatro, para que algo se acuerde, mas allá de las diferencias, y la tranquilidad retorne al animo de todos... Un profundo cambio cultural se impone, pero es lento. Mientras, los irresponsables, los aventureros y los malintencionados seguirán medrando con la sangre de un sector que casi siempre la aporta generosamente, los pobres. Ser pobre en la Argentina, mas allá de los logros macroeconómicos de los últimos años, sigue siendo un riesgo difícil de superar. Solamente una sociedad mas justa, mas igualitaria, menos violenta, podrá restañar esa herida. Pero todavía nos falta mucho.
Columnista:
Fuente: Alberto Pensotti