Confieso que fui a ver la obra de teatro de Diego Apesteguia con dos referencias. Una de ellas el titulo de una vieja película sueca de Bergman “Ni hablar de esas Mujeres”, donde el notable cineasta se dedicaba a contar la historia de mujeres que, hasta entonces, no aparecian en los filmes “serios”. La otra mas cercana e histórica, la excelente experiencia poético musical de Ariel Ramirez y Felix Luna que allá por los ’70 publicaron un vinilo (un long play, en esa epoca) de tapas dobles con los textos impresos de las canciones, dedicado al genero llamado “Mujeres Argentinas” que recopilaba una docena de nombres mas o menos olvidados por la historiografía oficial (sobre todo la llamada “liberal”) y excluidas, casi sistemáticamente por la enseñanza publica, pese a su trascendencia innegable. En suma mujeres de las que casi nadie hablaba y de las que poco o nada sabia la gran mayoría de la población.
Ver “Mujeres de la Patria” me dio vuelta la cabeza. En lenguaje cotidiano y sin perder el humor como
Eje conductor de la acción, Diego logra dos propósitos. El primero y magnifico integrar a promotoras barriales y referentes culturales en la fantástica experiencia de una rica interacción de autoenseñanza. El rescate del dialogo, la conversación como medio de transmisión cultural entre los seres humanos. Algo fundamental que a veces se pierde, depreciado ante la banalidad del comentario sobre los bailes en el programa de Tinelli o los chismes vecinales. Con sabiduría, en “Mujeres de la Patria” se recupera un espacio como la peluquería (donde tanto hablamos sin distinción de géneros) como escenario de un dialogo que atañe a la historia que las academias ignoran. Actrices y publico parecen compartir esta experiencia, de tener en cuenta los comentarios oídos en la platea. Por otra parte esta presente la vida diaria de una ciudad pequeña y la obra esta colmada de todos los guiños que Apesteguia maneja con suma solvencia, para mantener la pedagogía permanentemente asociada a la vida diaria de cada uno y sazonada con la imprescindible dosis de risa, un elemento mas subversivo del orden establecido de lo que se suele suponer.
El resultado es sorprendente, el publico se divierte, participa, se identifica y sale enriquecido con conocimientos que el sistema le ha negado por acción u omisión. La definición misma de arte se enriquece con esta perspectiva. Pero, para mi sorpresa la acción concluye con un homenaje a mujeres (elegidas por las mismas actrices) pertenecientes a nuestro Distrito de General Alvarado que son convocadas al escenario y recibidas como hermanas por quienes encarnaron sus roles y narraron las sagas de grandes mujeres del pasado. Todo esto sin sectarismos ni mezquindades político partidarias de ningún tipo. El efecto es sensacional y arte y realidad se fusionan en el aplauso final. Un homenaje brillante al hacer de las mujeres argentinas reales de todos los tiempos. Para ser vista por todos, residentes y turistas. Estoy seguro que, incluso quienes asisten regularmente a funciones de teatro porteñas sabrían apreciar esta puesta en escena, en un rubro, como el teatro histórico que, salvo “Guayaquil”, no ha sido demasiado recorrido en las ultimas décadas y que sin embargo el cine intenta también recuperar con experiencias como el “Belgrano” que se proyectan gratuitamente en varias pantallas de la Patria.
No puedo dejar de mencionar al elenco: Carmen Ernaga, Edith Fusco, María Rosa Díaz, Norma Muga, Rosa Garayoa, Roxana Garayoa, Susana Guffanti, Maximiliano Tedesco y el mismo Diego Apesteguia.
Confieso que todas están bárbaras en sus interpretaciones y algunas son desopilantes…
Las homenajeadas locales fueron,`por su trabajo solidario como fomentista: Ana Aspitia (la Tota), por su trabajo en la docencia: La Sra. de Dalponte (la Villa), por su trabajo en salud: Monica Fructuoso, por su trabajo en el deporte: Emilia Galante, por su trabajo en la militancia politica: Susana Spadaro, por su trabajo en la cultura: Mónica Aramendi y y por su lucha en la búsqueda de justicia: Olga Romano.
Sobre las tablas desfilaron las biografías de una muestra muy representativa: diez mujeres de la patria. Juana Azurduy, Cecilia Grierson, Rosario Vera Peñaloza, Alicia Moreau de Justo, Victoria Ocampo, Nini Marshall, Eva Perón, Cristina Fernández de Kirchner y Gabriela Sabatini.
Una obra de un teatro local que surge para posicionarse en un escalón mas alto de lo que sus mismos espectadores puedan pensar, de eso no hay dudas…