Una nueva agenda política, de cara al año que se iniciara en menos de treinta días, late en las calles de Miramar. Parafraseando al exitoso programa de Sergio Lapegue, “Miramar prende, después del apagón”. Durante décadas, en cafés, comentarios entre vecinos y en los discursos de campaña de los políticos locales hubo temas que se convirtieron en verdaderas cicatrices del lenguaje. Año tras año, “el estado del asfalto de la ruta a Mar del Sur”, “las cloacas”, “el agua potable”, “la Terminal de micros”, “la planta de efluentes”, “el natatorio demasiado corto”, “la falta de un Polideportivo”, “la situación decadente del turismo”, “la falta de publicidad”, “la ausencia de construcción”, “la poca iniciativa privada”, “la gente sin trabajo todo el año”, “la falta de planes de construcción de vivienda”, “el Muelle a punto de derrumbarse”, fueron temas recurridos hasta el hartazgo.
Muchos de ellos han sido solucionados merced a la obra pública o a la inversión del sector privado. Emprendimientos hoteleros de prestaciones adecuadas al siglo XXI han aparecido. Se construye un SPA competitivo, no hay manzana en barrios como Parquemar que no tengan una o dos obras en marcha. La obra publica ha dado un salto cualitativo imposible de pensar en poco mas de un lustro. Ahora daría la impresión de que la conciencia critica podría quedarse tranquila. Sin embargo no es así. La misma dinámica de las cosas indica lo contrario. Un turismo que podría recuperar el esplendor cualitativo de otras épocas (las doradas) no parece un objetivo inalcanzable. Objetivamente la situación del sector laboral ha mejorado e incluso los sectores marginados de la economía no carecen de ciertos niveles de contención. Pero todavía es mucho lo que debe trabajarse para no solamente restañar todo aquello que no hicimos por casi dos décadas, sino llevar adelante lo que todavía no ha cambiado. Es evidente que no alcanza con que se haya planteado un “Sector productivo planificado”. Por ahora no es mas que un espacio delimitado por un alambrado perimetral y una traza interna. Faltan cosas elementales en ese tipo de proyectos, como la provisión de gas y luz eléctrica de media tensión, si es que se desea locar allí alguna industria productiva. Por supuesto falta además, tentar la inversión particular para que esas futuras industrias dejen de ser un sueño acariciado sobre todo por los laburantes. Existen nuevos problemas de seguridad que no conoció el Miramar de los años ’60 y que afectan la vida cotidiana de los habitantes permanentes y del turismo, a pesar de que ahora la ciudad cuenta con Fiscalía, Juzgado de Paz, Delegación de la DDI, Policía Comunal y Guardia Urbana. La dialéctica del crecimiento genera novedosas polémicas, como la planteada sobre la utilización sustentable o no de zonas del Vivero Municipal para la actividad de explotación particular. La posibilidad anunciada de la doble mano a Mar del Plata, exigirá seguramente también previsiones a mediano y largo plazo que hacen al crecimiento de la Miramar futura. Muchos de los servicios que un turismo mas calificado solicita o solicitara no existen o deberán ser mejorados. El tema de las viviendas para los sectores mas carenciados, cuya responsabilidad encarara el Plan Federal de Viviendas, sufre una espantosa demora en relación a los plazos propuestos en al menos doscientas unidades. Las demandas de la Sociedad seguirán creciendo como es lógico, cuando lo mas transitado del discurso ha perdido actualidad. Obras que se ven, como el asfalto urbano y obras que no se ven como los viejos caños maestros de asbesto cemento (un material tan nefasto como el plomo que heredamos de la década de los ’50) esperan debajo de la Avenida Mitre una solución estructural. Tal vez la reforma administrativa del Estado Municipal integre la lista de las nuevas problemáticas a encarar. Los trabajadores municipales cobran bajos sueldos y reclamaran paritarias a breve lapso, como es lógico y justo. La vigencia de la carrera administrativa y el escalafón son de necesidad imperiosa. La terminación del edificio que albergara al viejo proyecto del Instituto Universitario será solo la base de lanzamiento para que la educación terciaria local configure una oferta regional de cara a seguir luchando por una Universidad Autónoma para nuestro Distrito. No solamente de cemento se construye una ciudad, el factor humano es esencial y los estudiantes (además de un aporte a la economía local durante todo el año) suelen ser el fermento de cambios de los que hacen falta, en la cultura de todos nosotros, para no oxidarnos…Los servicios de salud, necesitan un fuerte envión cualitativo y cuantitativo, superando a la brevedad falencias inadmisibles que, en días recientes, dejaron al Hospital Marino Cassano sin cirujanos y sin pediatras. Las comunicaciones miramarenses también esperan un salto cualitativo. Una radio AM con alcance regional y un diario que dinamice la circulación de noticias y ofertas comerciales cada día, esta entre las falencias mas notorias del sector. La cuestión geopolítica no esta ausente de los temas de la nueva agenda. Lo valoren así o no los políticos actuales, el tema de la pretendida independencia administrativa de la segunda ciudad del distrito (Comandante Nicanor Otamendi), merece especial atención. Zonas completas de nuestro Distrito, como las Sierras de la Vigilancia, permanecen todavía indemnes a la oferta turística que un futuro cercano demandara (mar y sierras en un solo viaje a Alvarado). Faltan planificaciones urbanas a mediano y largo plazo que son estratégicas. Los barrios del Norte (parte de Parquemar, Parque Bristol, Villa Golf y Copacabana), el presunto polo de crecimiento inevitable, permanecen sin los servicios básicos, salvo un irregular alumbrado publico; carecen de gas, agua y cloacas…
No es cuestión de agotar en una nota todo lo que falta por pensar y hacer. Se trata de que los dos actores principales de esta Historia, la Sociedad y el Estado, tomen conciencia de que es imprescindible una nueva agenda. Agenda que deberá contar con los consensos ciudadanos básicos para un desarrollo sin tropiezos. Acercándonos al Fin de Año y siguiendo la tradición de hacer “memoria y balance”, cada vecino podrá remarcar los temas que le parecen básicos. Tal vez hasta utilizar herramientas democráticas como el Presupuesto Participativo o las Audiencias Publicas, sea una metodología valida para escuchar desde el poder político la voz de la gente en temas puntuales. Lo cierto es que hemos dado un paso delante. Y que debemos evitar a toda costa pensar en dar dos pasos atrás… Se trata de, parándonos en logros que han costado dinero y esfuerzo, planifiquemos y hagamos realidad los proyectos de mañana y de pasado mañana pero también de ese esquivo horizonte que solemos llamar “el porvenir”. De eso se trata. Y es una tarea que no le compete solamente a la dirigencia del Estado. Es una tarea que llama a la participación activa de todos y cada uno de nosotros.