Hacker, cookies, e-mail, snail mail, direcciones IP, redes inalámbricas, conexiones Wi Fi. Subir fotos, bajar música, postear links, googlear cosas, twitear frases, comentar publicaciones.
En el andar cotidiano, frases como éstas son moneda corriente y prácticamente no llaman la atención, incluso en los casos en los que las construcciones no son las gramaticalmente adecuadas. Hoy, más que en cualquier otra etapa de la historia, nadie está totalmente alienado de las nuevas tecnologías y se cumple a raja tabla el concepto de “masificación”: ¿quién no utilizó alguna vez el buscador Google o se topó en alguna ocasión con el Facebook en la computadora?
En el país, el acceso a Internet y, por lo tanto, el desarrollo y consumo de nuevas tecnologías, se ha extendido notablemente en los últimos años. Los argentinos están, en promedio, 24 horas por mes conectados a Internet y si la banda ancha estuviese más extendida y desarrollada, ese tiempo sería todavía mayor. Según el informe "El estado de Internet en Argentina", elaborado por Comscore - una empresa global de medición del mundo digital - en septiembre de este año casi 13 millones de personas mayores de 15 años se conectaron a la red , lo que implica un 9% más que en el mismo mes del año pasado. Las principales actividades de los argentinos en la red son las búsquedas, el uso de redes sociales y el correo electrónico.
Tejiendo redes
Para empezar, teniendo en cuenta que en más de una ocasión se habla del término redes sociales cuando se hace referencia al auge de las nuevas tecnologías, es necesario aclarar de qué se habla cuando se remite a este concepto.
Manuel Ivanoff es ingeniero en sistemas, programador y diseñador web. Entre las páginas que desarrolló en sus catorce años de trabajo, figura mardelchat.com, uno de los portales que fue precursor, años atrás, en la interacción digital en la ciudad de Mar del Plata. De acuerdo a Ivanoff, una definición formal de “red social” sería la de “estructuras sociales compuestas de grupos de personas, las cuales están conectadas por uno o varios tipos de relaciones, tales como amistad, parentesco, intereses comunes o que comparten conocimientos”.
Actualmente, la idea de red social se asocia primordialmente con el reconocido fenómeno del Facebook, aunque ese sea sólo un ejemplo de esta nueva metodología de comunicación. De acuerdo a Ivanoff, el origen de las redes sociales se remonta a 1995, con la creación de un sito web denominado classmates.com, que pretendía que la gente pudiera recuperar o mantener el contacto con antiguos compañeros del colegio o universidades.
Ya en el año 2002, aparecieron sitios web que promocionaban las redes de círculos de amigos en línea y, en 2003, el término se hizo popular con la llegada de sitios como MySpace o Xing. “Hoy hay más de 200 sitios de redes sociales y la popularidad de estos sitios creció rápidamente”, destacó Ivanoff.
En el proceso de crecimiento de las redes sociales - fenómeno que en el país se dio hace no muchos años atrás - un número inicial de participantes enviaban mensajes a miembros de su propia red invitándoles a unirse al sitio. Los nuevos participantes repetían el proceso y de esa manera crecía el número total de miembros y los enlaces de la red.
En la actualidad, este tipo de sitios ofrece distintas características a los usuarios que los hacen atractivos, como lo son la actualización automática de la libreta de direcciones, la visibilidad de los perfiles, la capacidad de crear nuevos enlaces mediante servicios de presentación y otros modos de conexión social en línea.
Pero, ¿qué tienen de especial estas redes sociales para resultar tan atractivas para la población, aún para aquella que no es parte de la “generación de Internet”?
Peligros en la autopista informática
Con la aparición de nuevos desarrollos - tanto tecnológicos como de cualquier índole - suelen aparecer dudas, miedos, preguntas y cuestionamientos. Las redes sociales no fueron excepción a la regla y han sido analizadas por expertos de los distintos ámbitos. En ese contexto, se ha configurado en algunos sectores una idea de peligrosidad y desconfianza con respecto a esta temática. Uno de los principales aspectos en los que más se pone atención es el de la privacidad y los riesgos como consecuencia del supuesto anonimato e y falta de protección que existente a través de las redes.
En ese sentido, Javier Celaya - quien es socio-fundador del portal cultural dosdoce.com de España, miembro del Observatorio de la Lectura de la Junta de Andalucía, y co-director del Máster de Comunicación Corporativa e Institucional 2.0 y del Máster de Edición Digital, de la Universidad de Alcalá de Henares - realizó un análisis bastante crítico de estas nuevas tecnologías, pero no por los peligros inmediatos, sino por lo que se le oculta a los usuarios. “Creo que en este primer momento se están premiando demasiado los intereses económicos y comerciales de las empresas por encima de los intereses públicos y sociales y un ejemplo de eso es la privacidad”, destacó. Lo que el profesional aseguró es que las empresas utilizan los datos de sus usuarios para venderlos o con fines comerciales y que ese es el modelo básico de todas las redes. “Cuando nos demos cuenta que estamos pagando un precio por esa supuesta gratuidad y ese es que nuestros datos personales estén siendo vendidos vamos a exigir que sean mucho más responsables con lo que hacen con ellos”, señaló.
Por otro lado, hay un aspecto que muchas veces es tomado a la ligera pero puede resultar en un análisis mucho más determinante: el derecho al olvido. ¿Cuántas veces se escuchan los comentarios de los usuarios que “espían” con total libertad los perfiles de sus ex parejas, ex amigos, conocidos o enemigos? En la vida analógica, cada persona tiene ese derecho, puede decidir qué guarda y qué elimina de su realidad. “El hecho de que yo haya hecho algo en un pasado no tiene que estar constantemente apareciendo en Google y deberíamos exigir que la vida digital también se borre”, determinó Javier Celaya al respecto.
En esta sociedad ciento por ciento tecnologizada, las ideas de una democratización de la información y una polarización de conocimientos son otros de los puntos que más se han señalado. Igualmente, muchos expertos, sostienen que eso no es más que una falacia, ya que lo que realmente sucede es que la sociedad se está basando en una cultura del “corte y pegue”: las estadísticas señalan que sólo el 1% de los usuarios se dedica a crear contenidos nuevos, el resto simplemente copia y reproduce. Entonces, una de las preguntas que surge es cuánta vida útil puede llegar a tener una sociedad que está basada en una cultura que no se logra enriquecer sino que sólo reutiliza lo que ya - alguna vez - fue creación ajena.
Beneficios a un click de distancia
Es importante pensar en la aparición de Internet como algo disruptivo, algo que marcó un quiebre en la manera de vivir de las personas. Naturalmente, esto podría sonar exagerado, pero la realidad es que en el quehacer cotidiano Internet se ha convertido en un elemento más y no en algo excepcional. Como expresó el licenciado en Comunicación Social y sub editor del sitio de Internet del diario La Nación, José Di Bártolo - teniendo en cuenta que la web está hace 20 años y que tiene un auge más marcado desde el 2000 hasta la fecha - “hay tres brechas de edades que hoy existen en la sociedad y que, si bien no son totalitarias, son reales y se relacionan de distinto modo con la tecnología”
La primera es la generación que nació con la tecnología y para la que Internet siempre estuvo. La segunda generación se puede dividir en dos partes: unos son los que experimentaron más fuertemente el cambio tecnológico y lo hicieron en pleno desarrollo de crecimiento personal; los otros, son los que también lo hicieron, pero quienes adquirieron el proceso con otra edad y hoy tienen mayores responsabilidades. La última de estas generaciones tiene que ver con aquellos que tuvieron que aprender qué es de esto de Internet para poder trabajar y estar al día. “Muchos los llaman inmigrantes digitales y el término ´inmigrante´ lo dice todo: ¿acaso no hemos visto muchas veces como los hijos enseñan a sus padres?”, enfatizó Di Bártolo.
“Creo que el punto más interesante de estas tecnologías es que nos permiten pensar las condiciones de vincularidad que existen en una sociedad, en el ámbito del capitalismo tardío y globalizado”, señaló el sociólogo Enrique Romanín, al mismo tiempo que destacó que es importante pensar qué potencialidad tienen estos elementos para otro tipo de procesos, como lo son la relación de los ciudadanos con la política o con otras expresiones de la democracia.
Hoy en día, la mayoría de las personas tiene Internet, los costos de las computadoras son relativamente accesibles y hay conexiones inalámbricas en cafés, restaurantes, bares y hoteles. Con una cámara de fotos, un celular de alta tecnología o simplemente una netbook hay posibilidades que antes eran prácticamente impensadas. Todo lo que resultaba inalcanzable, en términos de relaciones digitales, hoy es posible. La clave está en saber reconocer y utilizar los nuevos recursos, sin perder la perspectiva de hacia donde apunta la sociedad en su conjunto.
La conexión local
En el lenguaje cotidiano se ha utilizado la idea de "red social" durante más de un siglo “para denotar conjuntos complejos de relaciones entre miembros de los sistemas sociales en todas las dimensiones, desde el ámbito interpersonal hasta el internacional”, indicó Manuel Ivanoff. Hoy, el término está totalmente asociado a las nuevas tecnologías.
Según los últimos informes realizados por consultoras especializadas, en el 2010 Facebook tiene - a nivel mundial - 500 millones de usuarios, pero estancó su crecimiento; Twitter, que tres meses atrás tenía 100 millones de usuarios, hoy alcanza los 175 millones, y se estima que a fin de año llegará a los 200 millones. En Argentina, unas 11 millones de personas usan Facebook mientras que ya hay medio millón de twitteros. En ese sentido, José Di Bártolo, señaló que en el país recién se está percibiendo el impacto de Internet en general y de las redes sociales en particular, en los cambios de hábitos y la manera de interactuar. “Hay que saber diferenciar bien los datos que suelen presentarse: puede ser que haya más de 10 millones de usuarios en Facebook, pero hay que discriminar cuántos son activos y en qué manera”.
En ese sentido, como ya se ha expresado, el auge de las redes se ha dado a nivel mundial e incluso en países con distintas realidades socio-económicas. “Son tecnologías que facilitan a cualquier ciudadano compartir un conocimiento, experiencias o su vida personal”, destacó al respecto Javier Celaya. En el contexto de la nueva configuración multimediática encarada a través de las redes sociales, Celaya sostuvo que éstas son, en realidad, cuestiones de moda. “Posiblemente estas redes sociales dentro de dos o tres años no tengan el mismo índice de popularidad, pero lo que no va a cambiar son los avances en las maneras de comunicarse”, apuntó.
¿Extinción del libro?
En el marco de este nuevo contexto de expansión digital, es inevitable pensar cuál será el futuro del libro y de los medios gráficos que hasta el día de hoy han sido los encargados de transmitir el legado de la información.
En ese sentido, las opiniones son distintas. Javier Celaya sostiene que todos los medios de comunicación tienen más lectores en pantalla que en papel. Si bien el papel todavía sigue siendo relevante, poco a poco está perdiendo esa relevancia. “Probablemente el libro dejará de estar con nosotros en los próximos diez años”, auguró.
Por su parte, José Di Bártolo sostiene que lo que sucede es que se crearon nuevas plataformas y las redacciones (en referencia a los diarios) cambiaron de forma trascendente. “Esto produjo muchos choques de intereses entre papel y online que, incluso hasta la fecha, siguen vigentes”. En su opinión, quedan varios años de entendimiento en el negocio, ya que “la palabra convivencia y convergencia no van de la mano” y aún no hay un entendimiento real entre ambos estilos.