En una semana la Justicia puso en marcha rápidamente los mecanismos para hallar al responsable de la muerte de Ferreyra ocurrida en el marco de una disputa entre facciones sindicales ferrovias. Hasta ahora son tres los detenidos, Favale, Diaz y Perez, acusados directamente de participar de la agresión. Proliferan no obstante, las versiones en las cuales se trata de asignar la autoria intelectual del trágico suceso a distintos referentes políticos. Desde el oficialismo los cañones apuntaron al ex Presidente Eduardo Duhalde, a quien por primera vez, se lo caracteriza como "golpista", en referencia a la desobediencia popular que en 2001 llevo a la huida de De la Rua (no sin que ocurrieran 35 muertes en los disturbios previos). Desde la oposición se intenta por todos los medios vincular al Poder Ejecutivo. Pero lo más curioso resulta una especie de fobia antisindicalista que campea en los foros sociales, las tapas de los principales diarios, radios y televisoras. El blanco central de esas criticas es Moyano, el líder de la CGT. Tal vez su propuesta de discutir en el Congreso la participación obrera en las ganancias empresarias este como telón de fondo. A pesar de tratarse de un derecho incorporado a la Constitución Nacional (Art. 14 bis) e impulsado en le origen por el Radicalismo. Da a impresión de hay quien aliente en la clase media una especie perversa de odio antiobrero. Cierto es que existen sindicalistas corruptos, como en todas las ramas de actividad. La corrupción es un fenómeno transversal que abarca comerciantes, profesionales y empresarios, socialmente hablando y de la que no escapa ninguna fuerza política, desde ya. Perro también la Historia nos muestra a miles y miles de honestos políticos, empresarios, comerciantes y sindicalistas. Por otra parte, es cierto que la organización de sindicatos programa de actividad es la única defensa del trabajador ante la voracidad de las apetencias patronales. Sin paritarias y discusión libre de salarios y condiciones de trabajo, quienes acumulan con su trabajo las riquezas, estarían realmente marginados de cualquier beneficio de los muchos de los que goza los trabajadores. Pr eso es prudente reflexionar que un árbol no define a un bosque. Y pensar en el derecho de los millones de trabajadores que se agrupan en los gremios También en los muchos marginados, trabajando en negro, sin sindicatos ni beneficios de obra social, la escala mas baja de los laburantes en estos días. En ultima instancia, la tarea de democratizar las organizaciones obreras es una cuestión que le incumbe solamente a los trabajadores mismos.