21/10/2010
Como en una vieja película, un estudiante muere de un disparo. Esta vez no fue la Policía, como en muchos otros casos. Una patota sindical consumo el hecho. Tal vez con la participación de algunos barra bravas futboleros de alquiler. La CTA ha declarado un paro nacional, que se sentirá en todo el país, incluso en Miramar. Las imágenes televisivas muestran la aterradora agonía del pibe muerto. Muchos se preguntan ¿Que hacia en medio de una lucha de trabajadores ferroviarios un estudiante? Defendía sus convicciones. ¿Cuales eran? Las impulsadas por el Partido Obrero, un grupo de presunta izquierda que no ha dudado en apoyar a la Sociedad Rural durante los cortes por sus reclamaciones sectoriales. ¿Y el Estado que hizo? El Estado tiene una política fijada por el Gobierno: permitir, sin represión alguna, todo tipo de manifestación, incluso las que molestan mas a muchos ciudadanos, como los cortes en puntos estratégicos de grandes ciudades que hacen caótico el transito. Pese a eso, hay un muerto, un paro nacional y una manifestación a Plaza de Mayo... El Gobierno dijo que va a llevar la investigación del hecho hasta el final, buscando a los "autores materiales e intelectuales". ¿Quien fue el asesino? Será difícil desentrañarlo. Por ahora solamente se cuenta con las imágenes televisivas de un canal de cable (C5N) presente en el momento del incidente y una bala calibre 38, encontrada en el sitio. ¿Cual fue la actitud de la patota sindical? Violenta, agresiva y seguramente mandada por la burocracia que detenta la representación por rama de actividad de los ferroviarios, la Unión Ferroviaria, Pedraza es su secretario General. ¿Y del otro lado? El PO y sus dirigentes, que eligieron constituirse como victimas... sin embargo, no medio autocrítica alguna de su parte. ¿Cuales son las consecuencias? El "día después" de la muerte del estudiante Ferreyra se parece, demasiado, al día anterior. Los burócratas de la vieja burocracia seguirán defendiendo a cualquier costo sus derechos individuales y enriquecedores a nivel personal. Los "aprendices de revolucionarios", también. En todo caso, tener una victima fatal le da fuerza a sus débiles argumentaciones y parece legitimar su presencia, que no existe a la hora de las urnas. Unos pelean por mantener su poder, otros por alcanzarlo a cualquier precio. En el medio hay un rehén colectivo. El trabajador de todos los días, que se queda varado sin subte, sin tren o con la ruta del colectivo interrumpida para llegar a trabajar a horario y no perder su premio por asistencia o volver a su casa (casi siempre distante del lugar de trabajo) para compartir los restos del día con su familia. Por esos rehenes cotidianos de la violencia sistemática, por aquellos que insisten en ejercer el derecho de libre transito que la Constitución garantiza, se habla mucho y se hace poco. Entretanto, como en las viejas películas, un joven pierde su vida baleado y las buenas conciencias sufren una efímera emoción frente a las pantallas de rating creciente. Mañana, mañana será otro día.
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