Los tiempos cambian. En los años '50 del siglo que paso, funcionarios y punteros del Justicialismo habían acuñado una forma de acción social que llevo a miembros de la oposición a definirla como una política de "alpargatas si, libros no" algo que sonaba a barbarie en un mundo que todavía recordaba, como algo reciente, las pilas de libros ardiendo en las plazas alemanas durante el nazismo. Es mas, el argumento que identificaba al Justicialismo con la barbarie, era corriente en los comentarios de la clase media autotitulada "democrática". En Mar del Plata se ha vivido algo así como el anverso de esa historia, cuando un joven destrozo una computadora al grito de "nos estamos cagando de hambre". Una concepción curiosa que niega una perspectiva educativa a futuro presuntamente por la falta de un sándwich de mortadela para hoy... Además el irascible vándalo destrozo el aparato en lugar de negarse a recibirlo y darle la oportunidad de tenerlo a otro alumno. Una falta de solidaridad que denota el extremo individualismo de los que pretenden solucionar ya, problemas que requieren de esfuerzo. Su mentalidad no parece diferenciarse demasiado de los que salen de caño a buscar el mango justificándose en que "la sociedad no nos ofrece nada". El problema cultural es estratégico, para salir de la delincuencia y para mejorar las posibilidades laborales de los que hoy son jóvenes. Pero la barbarie, como la desertificación avanzan en ciertas mentalidades retrogradas. Contrariando a Sarmiento, ciertos sectores marginales hacen gala de su negación de lo civilizado. Y no solamente los pobres desesperados, también las "izquierdas" a la violeta y el gran capital, preocupado como siempre solo por sus ganancias...